27.10.05

Sobre el vínculo afectivo y el nacimiento

Comparto un texto que me hizo llegar una colega. Algo extenso pero muuuy interesante.

La Maravilla del Vinculo Afectivo
David B. Chamberlain, Ph.D.
Translation by Sorina Oprean

"Crear vínculos parece bastante sencillo, pero no siempre fácil. (...)
Crecer desde la amorosa conexión de corazones que une a los padres con las madres va a ser el punto de partida del nuevo vínculo amoroso que van a tener ellos con los bebés que co-crean. Cuando tiene lugar la concepción los padres dirigen sus pensamientos de forma natural hacia el futuro bebé. Incluso cuando inicialmente están sorprendidos por el embarazo (caso bastante frecuente), normalmente se ajustan con rapidez a la nueva situación, abrazan al bebé emocionalmente, lo celebran y empiezan a organizar sus vidas en función de este gran acontecimiento. El término científico utilizado para este proceso es el de "crear vínculos".
En 1976 este nuevo término apareció por primera vez de forma silenciosa en el mundo a través del título de un libro, «Crear vínculos materno-infantiles», escrito por dos profesores americanos de pediatría: Marshall Klaus y John Kennell. Con las publicaciones actualizadas en 1983 y1995 la importancia revolucionaria de este concepto llegó a establecerse y hoy en día es una expresión familiar en todos los idiomas del mundo. Sin embargo, la gente todavía pregunta, «¿qué es?», «¿crear vínculos es un proceso real, verdadero y necesario?» Y finalmente la pregunta práctica:«¿cómo hay que hacerlo?» Crear vínculos es igual de sencillo (y misterioso) e igual de fácil (o difícil) que el amor mismo. Normalmente el amor que sienten los padres hacia sus bebés no supone ningún esfuerzo y es espontáneo, pero, tal como observaron Klaus y Kennel hace un cuarto de siglo, las cosas pueden interferir en esta conexión valiosísima y como resultado la vida puede arrancar en la dirección equivocada. Es un hecho comprobado: algunas madres y padres no desarrollan nunca este esperado apego. En su lugar, afirman sentirse desvinculados de aquel niño en particular a pesar de no saber el motivo. Pueden pasarse años buscando con ansia algún camino para establecer esta conexión de corazones que, de alguna forma, falló al principio. Los fallos en la creación de vínculos pueden tener verdaderamentec onsecuencias dolorosas. Una falta inexplicable de intimidad pende sobre su relación diaria como un sombra. Confianza y verdadera amistad parecen cosas imposibles de alcanzar. Por mucho que intenten complacerse unos a otros, siempre los separará un vacío. Otros tipos de daños pueden ser más imperceptibles.(...)" Históricamente, cuando los argumentos sobre el vínculo afectivo aparecieron en los años 70, el descarado control médico sobre los nacimientos estaba en su apogeo, después de haberles quitado todo el poder a los padres y habe rhecho el parto natural prácticamente imposible. En el parto visto como un proceso «científico» habían desaparecido casi todos los significados humanosy personales que habían alentado los hombres y las mujeres durante miles de años. Se habían violado las necesidades psicológicas esenciales de los padres y los bebés por igual.
Si uno se pregunta cómo pudo crecer tan rápidamente una nueva cultura tan radical del parto tendrá que tener en cuenta el enorme poder de la ciencia en el siglo XX. Añádase a esto el miedo subyacente asociado siempre con la incertidumbre del parto y se podrá sacar la conclusión de que la gente estaba deseosa de ver en la ciencia una garantía para el parto seguro y perfecto -una ilusión que no está todavía reconocida como tal. Analizando otra faceta de la ciencia podemos explicarnos el derribo repentino del parto tradicional. Durante el pasado siglo XIX, con el desarrollo del estudio científico del sistema nervioso y del análisis científico de la gestación, nacimiento e infancia, una ciencia demasiado segura de sí misma -y esto incluye por igual, medicina y psicología- enseñaba que los bebés no tenían esencialmente ni sentidos físicos ni mente. Los recién nacidos -insistían los expertos - no tenían todavía capacidad para el dolor y, aunque parecieran tener dolor, éste sólo era un reflejo, no una experiencia personal. Este razonamiento se utilizaba para justificar la cirugía mayor y las operaciones con complicaciones en bebés sin anestesiar, sólo con analgésicos hasta ¡hace sólo 16 años! Para empeorar las cosas, las mismas autoridades anunciaron que los recién nacidos no tienen posibilidad alguna de recordar cualquiera de las experiencias vividas en el útero o al nacimiento -independientemente de la naturaleza de estas vivencias. Los psicólogos, de hecho, enseñaban que los neonatos ni siquiera reconocen a sus progenitores como madres, sino solamente como objetos en un mundo lleno de otros objetos. Dándose este conjunto de creencias - desde entonces se ha demostrado quetodas son falsas- ni los médicos, ni los padres tenían por qué preocuparse sobre las malas experiencias que podía tener un bebé antes o después delnacimiento. Como eran virtualmente sordos, mudos y ciegos, los obstetras podían tratarlos de cualquier forma que ellos considerasen necesaria. Por desgracia, estas opiniones penetraron en los protocolos de tratamiento rutinario seguidos por todos los obstetras. Un poco más tarde, los protocolos de tratamiento que se iban a utilizar en la nueva especialidad de neonatología con los recién nacidos más débiles se elaboraron en base a los mismos falsos fundamentos. En definitiva, si un bebé no tenía ni sentidos,ni psique, ¿cómo iba a darse cuenta de que le estaban dando múltiples puntos, cortes con bisturí y cirugías de otro tipo? ¿Y cómo podía hacer la diferencia entre pecho y biberón? Muchos padres se dejaron convencer aceptando sin rechistar el nuevo modo científico de dar a luz. Desde nuestra perspectiva de hoy, es un hecho desafortunado que las madres y los padres raramente se rebelaron cuando los expertos los avisaron de que tenían que renunciar a las mecedoras ,renunciar al parto normal a favor del quirúrgico, sustituir la leche materna por la de vaca, alimentar según un esquema estricto en vez de hacerlo cuando el bebé tuviera hambre, no hacerle caso a los bebés cuando lloraran y crear en su casa un «nido» como el de los hospitales. Hoy, estos malos consejos han sido rechazados masivamente y a la mayoría de los bebés se les ahorra este sufrimiento innecesario que aguantaron otras generaciones durante medio siglo. Por suerte, hoy en día los padres de todo el mundo tienen criterios más independientes y están más preparados para tratar a un bebé -cualquiera que sea su edad- como a un ser humano. Es más, espero que puedan evitar el error que se dice de que crear vínculos es como un pegamento que se endurece enseguida y que consolida una familia sólo si se aplica durante la hora siguiente al parto. (A finales de los años 70, en una reunión convocada porla Asociación Médica Americana, aunque parezca mentira, los médicos decidieron que 10 minutos es tiempo suficiente para permitir crear vínculos después del nacimiento -visto en retrospectiva parece un ejemplo divertido de la teoría del pegamento aplicada por los médicos). Tal como lo entendemos ahora, el hecho de crear vínculos no se limita a un período determinado. Claramente, el vínculo afectivo puede comenzar de formacontundente desde antes de la concepción o en cualquier momento después, loque significa que el amor es bienvenido en cualquier época durante el embarazo y, por supuesto, es completamente apropiado en los momentos siguientes al parto, cuando la combinación de las fuerzas fisiológicas y psicológicas son tan beneficiosas. (...) Los padres que están preparados pueden asumir que sus bebés ya están dotadosde la inteligencia profunda que se necesita para crear vínculos. ¿Cómo obtener estos lazos afectivos? Empezando ya a cantarles nanas o mandándoles esos mensajes intencionados y explícitos de bienvenida y de amor de vuestros corazones hacia el suyo".(...)

1 comentario:

Carmen dijo...

Me parece aberrante que los obstetras pensaran así, me ha llegado al alma eso de que los bebés al nacer no distingan a su madre de otros "objetos",y que no les pusieran analgésicos porque pensaban que no sentían. Mis partos han sido sin epidural, con analgésicos suaves sí, por problemas con mi espalda y miedo a las consecuencias, pensaba que era mejor pasar el momento, que no iba a ser interminable. Aún así tuvieron que ayudarse con una ventosa y unos "masajes" nada agradables en mi tripa; porque tras doce horas de parto ya no distinguía el dolor de una contracción. Para mí fue peor la recuperación del parto de mi primer hijo que el parto en sí. Eso sí lo primero que hicieron una vez examinados fue ponerlo sobre mí, y es la sensación más agradable del mundo.