23.6.06

Volver a jugar

Hace un tiempo tuve una segunda entrevista con la mamá de una pacientita nueva. El panorama es bastante difícil y fue muy arduo transmitirle los resultados bastante complejos y preocupantes del psicodiagnóstico de su hija.

La cosa con la nena se va encaminando, está tomando confianza, muy de a poquito. Se encuentra en una edad límite en cuanto a metodología, ya que está atravesando la pre-pubertad. En lineas generales, con los niños juego (aunque también, por supuesto, hablo) y con los grandes hablo. Algunos factores de su personalidad, me hicieron inclinarme por la primera opción.

Al pedirle a la mamá, fría y distante, que dedicara un rato para compartir algo "no tortuoso" (como los procedimientos diarios por la enfermedad crónica de la niña o las terribles sesiones de tareas escolares) , algo agradable, la madre me refiere que casualmente, a partir del inicio del tratamiento, su hija comenzó a pedirle que jugara con ella, al tutti-fruti, al juego de la memoria, a la lotería...Ella dice que le cuesta mucho porque no le gusta jugar. "Yo soy seria, me río poco, no juego, lo hago con esfuerzo, pero sin ganas".

Es díficil, su vida es dura, la vida de sus hijos es dura.La sencilla (aunque por supuesto nada inocua) invitación a jugar de su hija, pone en evidencia que ella perdió de vista -no la culpo, la compadezco- que tener hijos es una excusa perfecta para volver a jugar. Es una de las tantas tareas de la crianza, tan fundamental como alimentar o higienizar.

La situación, además de entristecerme, por la señora y por su hijita, me evocó un recuerdo. De una charlita con J. , mi esposo, cuando estabamos esperando a F. Él o yo (no me acuerdo, porque ambos solemos hacerlo) caminábamos pateando "pelotitas de los árboles", y él me dijo que una de las cosas lindas de cuando nazca nuestro hijito sería poder ir jugando por la calle, volver a jugar. En ese momento me enterneció y compartí su expectativa.

Pensé que el "volver a jugar" es otro de los dones que nos regalan los hijos a los padres, la oportunidad de jugar, de hacernos niños otra vez, con ellos. A la par de asumir la responsabilidad más grave y sagrada que es cuidar de una vida.

5 comentarios:

Maxiavida dijo...

Yo creo que lo mejor es no olvidarse nunca de jugar... En mi caso, creo que al haber trabajado mucho tiempo con niños, me he vuelto más juguetona con los años, y he tenido la suerte de toparme con amigas que juegan y de que mi cuasi cónyuge también disfrute del juego.

Elenilla dijo...

Tienes razon, los niños nos hacen ver la vida de nuevo con sus ojos. Cualquier cosa le emociona, solo hay que ver como brilla sus caritas cuando ven las luces en navidad, etc.
Yo muchas veces me sorprendo tirada en el suelo jugando con mi hija y me daria un poco de vergüenza que me viera algun adulto. Es genial jugar con ellos.
Besitos

Mumimamá dijo...

A nosotros nos encanta jugar con Santino, todos juegos inventados, que él dirige. El papá inventó unos cuantos: cabecear la pelota inflable (jugamos un cabeza?), la pelea de hormiguitas, la pelea de rotwailers... Conmigo juega a limpiar, pinta con crayones, intento leerle un cuentito, organizo sus juguetes de otra forma, pegamos stickers, lo llevo a caballito, regamos las plantas.

A dijo...

Comparto plenamente la importancia de jugar. De despegarse de ese papel de adulto responsable, para pasar a ser payaso, relator de carreras de futbol, malabarista, medica, inspectora de insectos, contructora de torres inmensas, puentes, aviones, lectora de cuentos fantasticos, experta en arreglar ruedas de autos, etc miles!!!! a nosotros tambien nos encanta jugar y mucho!!!! y disfrutamos de hacerlo! y ordenar los juguetes tiene una magia especial!
Cariños
Ale

Carmen dijo...

No deberíamos de dejar de jugar nunca, y es triste que no lo hagamos con nuestros hijos. Todavía recuerdo a mi padre jugando con sus primeros nietos, yendo de merienda con ellos a una zona por encima de casa; la tranquilidad y las ganas conque lo hacía me dejó sorprendida. Cuando mis hermanas y yo éramos pequeñas disfrutamos muy poco de ello, porque siempre había algo que hacer y nosotras nos entreteníamos solas. Hay que sacar momentos para todo por que el tiempo pasa muy deprisa y ya no hay vuelta atrás.