3.8.07

Dulce experiencia.

Como pequeño homenaje a la Semana Mundial de la Lactancia materna, se me ocurrió compartir algo de lo que fue para mi la experiencia de amamantar a mi hijito hasta los dos años y cinco meses.

"Por deseo, conocimiento y convicción estaba decidida a amamantar. Desde el comienzo de mi primer embarazo fue una inquietud importante. Tenía una fantasía muy fuerte: iba a tener dificultades para amamantar...hoy sé que además de fantasía fue una corazonada. Una corazonada que me llevó a buscar información con avidez y entusiasmo.
A buscar un grupo de apoyo y un pediatra que apoyara nuestra decisión. Supe con el pasar de los meses de los grandes beneficios de amamantar, de los posibles escollos y de las soluciones.
Cuando mi hijo nació por parto natural, quise ponerlo al pecho inmediatamente, de hecho lo hice. Pero mi bebé sólo quería tocarme, olerme, chuparme. Nos mirábamos embelezados, estaba tan en las nubes que ni se me daba por presionarlo. Era un momento tan milagroso y maravillosamente feliz que lo que menos pensaba era en cuestiones prácticas.
Nos costó prenderlo. La neonatóloga me boicoteó de manera brutal. Nos plantamos contra glucosa, estudios y amenazas de daño cerebral por parte de un doctor ignorante y manipulador.
Llamamos al pediatra, a la puericultora del grupo y ambos nos fueron de grandísima ayuda. La primera prendida fue con su ayuda y descomprimió la presión de la mentada neonatóloga. (quien tuvo el gran tacto de decirme, estando yo en trabajo de parto, que era su primer día de trabajo!!!!)
Ya en casa, yo lo ponía al pecho casi constantemente. Pero mi pequeñito succionaba muy despacito y sacaba poquito. Así que perdió mucho peso, esto lo debilitaba aún más y entonces la situación se puso muy crítica.
El pediatra lo vió y me dió una indicaciones que yo malentendí. Mi pezón plano y su mandíbula retraída, más la pérdida de fuerza, nos obligó a complementar hasta que estuviera más fuerte. Tomaba de mi leche-que me extraía con sacaleche eléctrico- cada dos horas, de día y de noche y si no llegaba a sacarme toda la cantidad completaba con fórmula fluída, con gotero. Una hora le llevaba tomar. Una hora descansábamos. La mayoría de las veces se lo daba yo. En ese momento mi madre trabajaba y no tenía mucha gente con quien contar. Mi marido debió volver al trabajo a los dos días de nacido F. así que contaba con su ayuda sólo para la noche. Mientras tanto, entre las tomas lo ponía al pecho para que pudiera aprender.
Una ayuda importante también la recibí en Fundalam. En cuanto a posiciones y formas de prendida.
Recibí apoyo incondicional de toda la familia y amigos. Nadie nos cuestionó en ningún momento la decisión de seguir con la teta sin complementar. Hubiera sido más fácil, rápido, relajado y seguro. Pero no era lo que queríamos. Y no era lo mejor para F. Lo sabíamos y estabamos convencidos.
Finalmente nos fuimos encaminando...F. recuperó peso y fue ganando más. Yo aprendí a prendelo bien y comenzó a fluir la cosa. Antes de cumplir el mes, ya estaba todo superado el problema. Eso si, compensó los primeros días de privación con creces. Mamaba cada dos horas, y media hora de cada pecho. Esto más o menos hasta los tres meses.
Siguió la lactancia exclusiva hasta el sexto mes. Allí comenzamos con los semisólidos que aceptó muy bien. Pero la teta siempre tuvo un lugar importantísimo. Tomaba entre 14 y 8 veces por día. De noche siempre tomó una vez, a lo sumo dos. Dormía con nosotros en la cuna o en nuestra cama, según su demanda.
Fue un esfuerzo muy grande de mi parte. Pero para mi, una muestra de amor. Sentia tanta satisfacción al verlo crecer tan sanito sólo con lo que yo producía para él, verlo sereno, contento, activo, feliz. Que el cansancio y los sacrificios se veían retribuídos plenamente.
Mi esposo constituyó un pilar invaluable. Lo amé mil veces más viéndolo tan paciente, tan comprensivo, tan amoroso, tan fuerte.
Con el pasar de los meses, la teta, además de valiosísimo alimento se transformó en confortación, en mirada, en sostén, en tiempo compartido, en mimo, en demostración de amor.
Y así como constituyó todo eso y sentó sus bases, así fue dejando paso a otras formas de comunicarnos a medida que fue creciendo. Hasta que decidió él mismo dejar de mamar. A los dos años y cinco meses. Solito, maduro, íntegro, libre...
Puedo decir que amamantar fue una de las experiencias más intensas de mi vida. A la par de casarme, concebir y dar a luz. Es para mi, otro jalón del amor, que se multiplica y difunde.
Significó todo mi deseo hacia mi hijito: de alimentar, sostener en la vida, mirar, envolver con amor, adaptarme a él y responder a sus necesidades...y tantas otras cosas.
Tengo la convicción de que la lactancia da una grandísima oportunidad de compartir tiempo amorosamente. De confirmar a tu hijo en su deseo, en respetar sus ritmos, en atender sus necesidades, en darle algo óptimo para panza y corazón.
Para mi, amamantar fue una dulce experiencia, a pesar y gracias a tan dificil comienzo, casi tan dulce como esa leche que manó de mi por tantos meses, sólo para él".

Mariana

Quedó un poco largo el cuento, sepan disculpar...Ojalá mi testimonio sirva para alentar a mamás que desean amamantar y sufren dificultades.

10 comentarios:

GIMENA dijo...

Hola Mariana! Hace rato visito tu blog pero nunca deje un mensaje.
Te cuento que por suerte yo no tuve tus dificultades para amamantar a Federica en un comienzo porque se prendió de la teta en la misma sala de partos. Fué una satisfacción inmensa el saber que alimentaba su pancita y su corazón. Fué hermoso y no veo las horas de disfrutarlo de nuevo con mi próximo bebé.
Somos tocayas en el embarazo, así que veremos como crecen nuestras panzas cobernéticas!
Que sigas bien....

Mariana dijo...

Igualmente!!

Naty dijo...

Yo mamá primeriza no se como será, me hiciste pensar...Igual bello testimonio, muy bello, Nati

Turca dijo...

Te quedó precioso!!!!!!!!!

Besosssssssssssssssssss.

Isa dijo...

Me emocionaste, Mariana!
Nosotros tuvimos unos comienzos similares, a los diez o quince días la pediatra me dijo que mi leche no era "buena" y que empezábamos con ayuda. Al principio sacaba mi leche, pero al mes desapareció. Cuanto más mamaba o más me extraía, menos tenía, con lo que a los dos días de no mamar o no sacar pensando que ya no tenía volvía a aparecer. Pero al mes ya no hubo nada de nada. Una lástima, yo quería darle el pecho, pero creo que nunca tuve subida, no sé.
Gracias por compartirlo, ha sido muy bonito y seguro que para mi próxim@ hij@ (en pocos meses nos ponemos a buscarlo) las cosas serán de otra manera y con tu ejemplo seré más paciente y más perseverante.
Besos!

Mariana dijo...

Gracias chicas!!!

A dijo...

Precioso relato! para imprimir y tener por ahi dando vuelta! siempre viene bien!

MKB dijo...

Mariana, primera vez que me entero de alguien con una experiencia tan parecida a la mía. Lo de desear fuertemente poder dar de mamar y prepararse, luego enfrentarse al problema anatómico que complicó todo y algunos malos manejos en la clínica, vivir casi un mes agotador de lucha y saca leche, girando los 3 en torno a la lactancia día y noche, para después de ese periodo salir victoriosos y poder gozar de una lactancia prolongada y feliz.
Me encantó tu relato, felicitaciones!

Mariana dijo...

Gracias, y mirá vos que casualidad!! Tenemos la revancha cerca!!!! =)

Lic. Claudia López dijo...

Hola Mariana. Recién dejaste un comentario en mi blog y así descubrí el tuyo: ME ENCANTÓ. La verdad que este testimonio de lactancia me ha llegado ya que nosotras estamos en pleno destete. Mi beba recién tiene 7 meses, pero ha sido todo un logro para mí amamantar hasta aquí. La verdad que me lo cuestiono mucho el dejar de darle pecho, pero no ha sido tan sencillo para mí... no ha sido tan disfrutable... una pena.
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